El acero verde promete reducir hasta 98% las emisiones de la siderurgia.
DEACERO® y otras siderúrgicas en México impulsan inversiones en procesos de bajas emisiones ante la presión global por descarbonizar la industria.
El acero es un insumo estratégico para la economía global. Está presente en infraestructura, transporte, energía y manufactura, pero también figura entre las industrias con mayor impacto climático. De acuerdo con el World Economic Forum (WEF), la siderurgia genera cerca de 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero asociadas a la energía. Con una demanda que podría aumentar 40% hacia 2050, impulsada por la urbanización y la transición energética, la presión para descarbonizar el sector se intensifica.
Ante este escenario, la industria acelera la búsqueda de alternativas para reducir su huella ambiental. Mientras la fabricación tradicional puede generar alrededor de 2.2 toneladas de CO2 por cada tonelada de acero producida, las tecnologías de bajas emisiones buscan reducir esa cifra a menos de 0.05 toneladas, es decir, una reducción de 97.7%.
No obstante, la transición enfrenta importantes barreras económicas: los costos de producción pueden ser entre 40% y 70% superiores a los métodos tradicionales y requerir inversiones globales de hasta 2.6 billones de dólares, según el WEF.
La principal fuente de emisiones se encuentra en la etapa de reducción del mineral de hierro. Un análisis del Rocky Mountain Institute (RMI) señala que, durante más de dos milenios, la industria ha utilizado carbón para separar el oxígeno del mineral y obtener hierro metálico, un proceso que genera dióxido de carbono como subproducto inevitable.
La producción convencional comienza con la extracción del mineral de hierro y continúa con su reducción para eliminar el oxígeno. Posteriormente, el hierro se transforma en acero mediante la incorporación de otros elementos y finalmente se moldea en productos destinados a sectores como la construcción, la movilidad y la manufactura.
“La producción de acero es uno de los sectores que más contribuyen a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, con una huella de aproximadamente 2.9 gigatoneladas de CO2 al año, y está en camino de consumir 50% del presupuesto de carbono compatible con 1.5 °C hacia 2050”, señala el Rocky Mountain Institute.
Frente a este desafío, las tecnologías de acero verde sustituyen el carbón coque por hidrógeno producido con energía renovable para realizar la reducción directa del hierro. En lugar de emitir dióxido de carbono, el proceso genera vapor de agua. Esta transformación se complementa con hornos de arco eléctrico alimentados con electricidad de bajas emisiones y una mayor utilización de acero reciclado, un material que puede reutilizarse múltiples veces sin perder sus propiedades.
En México, empresas como DEACERO® han comenzado a incorporar metas de reducción de emisiones, eficiencia energética y economía circular para responder a las exigencias de mercados que cada vez valoran más la huella ambiental de los materiales.
Juan Antonio Reboulen, director de Asuntos Corporativos y Comercio Internacional de DEACERO®, explica que las emisiones asociadas a los materiales tienen un peso creciente en las decisiones de compra. En diversos mercados, afirma, el precio ha dejado de ser el único factor relevante, y la intensidad de carbono comienza a convertirse en un elemento diferenciador. para los productores.
“Para DEACERO® el tema de la sustentabilidad no es un asunto de responsabilidad social únicamente, es la esencia misma de nuestro modelo de negocio. Somos el principal reciclador de chatarra de acero en México y uno de los principales en el mundo. El 98% del acero que producimos proviene de material reciclado, lo que nos permite operar con una huella ambiental significativamente menor respecto de otros procesos tradicionales”, señala.
La apuesta por el acero de bajas emisiones también responde a una lógica de competitividad. En el caso de DEACERO®, la empresa reporta una intensidad de carbono de 0.391 toneladas de CO2 por tonelada de acero crudo, por debajo del umbral de 0.40 toneladas que utiliza para clasificar al denominado acero verde. De acuerdo con la compañía, este indicador también se sitúa por debajo de los promedios registrados en México, Estados Unidos, Canadá, Europa y China.
“Lo que nos coloca en esta posición es la combinación de nuestro modelo de reciclaje con una utilización cada vez mayor de energía renovable. A ello se suman inversiones para optimizar procesos, reducir consumos y aprovechar mejor los recursos. Esa mezcla nos permite ser reconocidos como uno de los productores de acero con menor huella de carbono no sólo en México, sino también a nivel internacional”, afirma Reboulen.
Las oportunidades y los desafíos
Para los organismos internacionales, la transformación de la siderurgia es inevitable. La industria se ha fijado el objetivo de reducir 45% la intensidad de emisiones del acero primario y 65% la del acero secundario hacia 2030, con la meta de alcanzar emisiones netas cero en 2050.
El WEF identifica al reciclaje como una de las principales vías para acelerar esta transición. Los hornos eléctricos de arco permiten fabricar acero a partir de chatarra utilizando electricidad en lugar de carbón, una tecnología que puede reducir entre 90% y 95% las emisiones respecto de los altos hornos tradicionales.
Sin embargo, los especialistas del RMI advierten que el reciclaje, por sí solo, no será suficiente para satisfacer la demanda futura. Aunque la disponibilidad de chatarra aumentará en las próximas décadas, seguirá siendo necesaria la producción primaria de acero a partir de mineral de hierro.
“Existe una necesidad crítica de encontrar soluciones de bajas emisiones para la reducción del mineral de hierro. Incluso con mayores tasas de reciclaje, la producción primaria seguirá siendo necesaria para satisfacer la demanda mundial de acero”, indica el RMI.
En paralelo, la industria continúa explorando tecnologías capaces de acelerar la descarbonización. Entre ellas destaca la reducción directa con hidrógeno verde, considerada una de las alternativas más prometedoras para transformar la producción siderúrgica.
“El proceso de producción de acero verde reemplaza el carbón metalúrgico por hidrógeno verde en la reducción del mineral de hierro, generando vapor de agua en lugar de dióxido de carbono como principal subproducto”, explica Klinger México en un análisis sobre la fabricación de acero verde.
Para México, el desafío consiste en acelerar las inversiones, ampliar la disponibilidad de energía limpia y aprovechar su capacidad industrial para posicionarse dentro de las cadenas globales de suministro de materiales con baja huella de carbono. La Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero (Canacero) considera que la transición requerirá políticas públicas orientadas a fortalecer la competitividad industrial, impulsar la innovación tecnológica y garantizar el acceso a energía limpia a costos competitivos.
Reboulen sostiene que el país cuenta con ventajas relevantes frente a otras regiones productoras gracias a su capacidad de reciclaje y a la creciente incorporación de energías renovables. Sin embargo, considera que aún falta consolidar mecanismos que permitan diferenciar el acero de bajas emisiones dentro del mercado.
“Yo creo que el siguiente paso que tenemos que dar es avanzar en una norma ecológica, una norma que permita diferenciar claramente y otorgar un sello de garantía y sustentabilidad al acero producido con bajas emisiones de CO2. Eso podría darle muchísima ventaja a México como país”, afirma.
